Cierta tristeza me invade al leer en un medio de comunicación, que Madrid y Barcelona se van a repartir durante unos pocos meses lo mejorcito de la obra de Picasso.
El motivo, el cierre de su museo en París por las obras de remodelación en las que está inmerso, y que ha permitido que las obras viajen a nuestro país para que, desde hoy mismo, sean expuestas en nuestro territorio (al nacional, me refiero).
Mi tristeza viene provocada por saber que el Museo Picasso de nuestra ciudad, la ciudad natal del universal pintor, no se verá agraciada ni por la pedrea. ¿Los motivos? Quién los sabe… podemos echarle la culpa al Museo, al Ministerio de Cultura, a la Junta, al Ayuntamiento… o a todos y a ninguno a la vez… o quizás la culpa la tengamos los malagueños, que nunca le hicimos mucho caso y seguimos sin hacérselo del todo.

El legado temporal del pintor se repartirá de la siguiente manera: Madrid, en concreto el Reina Sofía, dará cobijo a 403 obras entre pinturas, dibujos, esculturas y cerámicas. Barcelona ha conseguido lo mejor de la obra de Picasso, aquellas piezas de las que el malagueño nunca se quiso desprender…
Habrá que coger el recién estrenado AVE para ver una parte de nuestra historia cultural más reciente (a Madrid, se sobreentiende).

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