Parace ser que el destino vuelve a tornarse adverso para nuestra Catedral y las famosas obras de rehabilitación de su cubierta se vuelven a postponer. Y ésta vez la cuestión no es pecuniaria sino que toda la gloria se lo lleva la burocracia.

Y es que parece ser que las políticas y procedimientos del Ministerio de Cultura (actual gestora del 40% del coste de la obra) no son las mismas que las del Ministerio de Fomento (su “antecesor en el cargo”). Y como las cosas son como son, han decidido dividir las obras en dos partes: una, de la que se encargará en Ministerio de Cultura, y otra, que harán la Junta y el Obispado “al alimón”.

Mientras tanto, un proyecto que lleva coleando desde el 2005, que ya ha sufrido parones en su planificación y que es tan necesario para la conservación del Patrimonio Cultural de la ciudad como el comer, sigue retrasándose una y otra vez de un modo que a veces nos hace pensar que el asunto va a durar “in eternis”.

“Entre todos la mataron y ella sola se murió”.

Señores, por favor, seriedad. Bastante tenemos con haber descuidado nuestra cuidad durante siglos para que no hayamos aprendido nada de nuestros errores…